60 aniversario

En 1959, el testimonio contemporáneo del evangelio comenzó a brotar en las calles de Sant Boi de Llobregat. En concreto, en el barrio de Vinyets Molí Vell, en la calle Mossèn Jacint Verdaguer. Allí, en la casa de la familia Álvarez, un pequeño grupo comenzó a estudiar y compartir la Biblia con la ayuda del señor Alemany, que venía de una iglesia evangélica de Barcelona en la calle Verdi. Por otro lado, en la calle Francesc Macià, Santica, una peluquera, y su familia (los Muñoz y los Fauli) escucharon también
la historia de Jesús.

Santica se maravilló tanto que compartió el mensaje del evangelio con clientes y conocidos, y muchos comenzaron a asistir a la iglesia evangélica de la calle Mistral, en Barcelona. Después de un tiempo, Santica descubrió que una de sus clientas compartía esa misma pasión por Jesús. La clienta era de la familia Álvarez.

Entonces, se formó un único grupo que estudiaba y compartía la Biblia en casa de los Álvarez, y el crecimiento llegó a tal punto que, en una muestra de generosidad encomiable, los anfitriones decidieron echar abajo un tabique para agrandar el espacio.

Un gesto que, sin embargo, resultó ser provisional. Ni los recelos hacia el protestantismo de la dictadura franquista, ni las intrusiones de la Guardia Civil pudieron detener el crecimiento del grupo que se había formado, hasta que en 1965 se constituyó oficialmente la iglesia que hoy conocemos como Llibertat, con Josep Monells como pastor.

Después de 60 años, y con toda gratitud y emoción, queremos repetir las palabras de un hombre que vivió hace miles de años en un tiempo convulso, de guerras y crisis, y que en medio de la tempestad reconoció la obra de Dios: “Hasta aquí nos ayudó el Señor”.

Aquel hombre se llamaba Samuel y era un intercesor entre su pueblo y Dios.

Con este mismo sentir, celebramos este 60 aniversario de la Església Evangèlica Llibertat, renovando nuestro compromiso con el evangelio de Jesús y con una ciudad, Sant Boi de Llobregat, en la que predicamos, servimos y por la que intercedemos delante de Dios.

Con este mismo sentir, quedamos expectantes de las maravillas que Dios va a seguir haciendo en las vidas de las personas y de esta ciudad, como lo hizo en el pasado y como lo está haciendo ahora.